No soy un experto en Argentina; menos lo soy en fondos de pensiones. Pero ambos temas están interesantísimos últimamente. Como Francisco contó en un posteo anterior, Argentina está intentando nacionalizar sus fondos de pensiones. Esto podría sonar normal en el actual contexto internacional, donde muchas de las economías avanzadas están nacionalizando temporalmente bancos y entidades financieras, en un intento por remediar el actual colapso financiero. El problema es que en el caso Argentino la nacionalización tiene doble lectura.
¿Cuál es el problema? Los reclamos contra esta medida no son sólo un reflejo de la dicotomía ‘más Estado o más mercado’, aunque este elemento es ciertamente un ingrediente importante en el actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (como lo fue también en el de su marido, que revirtió varias de las privatizaciones). Menos parece ser una medida de protección de la economía, como lo señaló la propia presidenta cuando anunció el proyecto (algo así como ‘si los países del G8 –las naciones industrializadas- están protegiendo sus bancos, nosotros protegeremos a nuestros trabajadores y pensionados’). La nacionalización parece ir más allá. El gobierno argentino acarrea una deuda fiscal de proporciones, y muchos temen que este sea un intento encubierto por atraer mayores recursos para solucionar tal déficit; recursos que, por cierto, pertenecen a los argentinos y no al fisco, pero que bajo ‘administración’ fiscal pueden ser desviados con cierta facilidad a otros fines ajenos a las pensiones. Así lo creen al menos los medios y los inversionistas. La editorial de ‘La Nación’ tituló, el 25 de octubre recién pasado: ‘un robo legalizado’; las acciones, post-anuncio, cayeron un 25% en dos días.
Al igual que el chileno, el sistema de pensiones argentino es manejado por manos privadas. Ello desde que en 1994 el gobierno de Carlos Menem diera el vamos a una completa ola de privatizaciones que incluyó, entre otros, dicho sistema. Enfrentados a la opción de mantenerse en el sistema estatal o cambiarse al privado, eventualmente cerca de un 85% de los argentinos prefirió por el primero. Los números que se manejan son importantes: existen 9,5 millones de cuentas en los 10 fondos existentes, que equivalen a alrededor de US$30 billones: por lejos, las personas comunes y corrientes son los más importantes inversionistas en el mercado de capitales.
Sin embargo, la falta de capital para el fisco que provocó la privatización del sistema fue una de las causas del colapso del 2001 (cuando el gobierno se declaro en default por más de US$80 billones, los precios de los servicios públicos fueron congelados, etc.). A eso se suman las bajas rentabilidades de los fondos (aunque esto es parcialmente culpa del gobierno, que obliga a los fondos a tener un alto porcentaje de sus portfolios invertidos en bonos estatales), lo que produce una disminución del apoyo popular al sistema.
En este escenario, el sistema de pensiones es -y ha sido- un buen candidato para el rescate de las finanzas públicas. Ya en diciembre de 2001 Domingo Cavallo, el entonces ministro de finanzas, ‘echó mano’ a los fondos para solucionar el problema macroeconómico. El año pasado el ex presidente Néstor Kirchner repitió la fórmula y obligó a los fondos a deshacerse de algunas de sus inversiones extranjeras, dando al mismo tiempo la oportunidad a los argentinos de volver al sistema estatal sin costo y con atractivas condiciones. Así, lo de ahora no parece nada nuevo. Durante sus últimos meses el anterior gobierno aumentó desproporcionadamente el gasto público con miras a las nuevas elecciones presidenciales. La recaudación fiscal ha caído conjuntamente con la caída del precio internacional de los bienes que Argentina más exporta (como la soya). Y la inversión privada sigue baja, con altas tasas de interés para la deuda externa, a pesar de las promesas del gobierno (como el pago de una parte importante de la deuda internacional con reservas del Central). Con los recursos del sistema de pensiones a su disposición, el gobierno tendría virtualmente ‘solucionados’ sus problemas para los 3 años que restan del período presidencial.
Habrá que esperar lo que diga el Congreso para ver el impacto de esta nueva estrategia gubernamental. Con todo, de aprobarse el proyecto, es medianamente claro que nuevamente habrán primado los intereses políticos de corto plazo. Argentina se arriesga a perder la escasa confianza que aún despierta en los inversionistas extranjeros.-
El blog de Regcom, el Centro de Regulación y Competencia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile
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26.10.08
23.10.08
Afjpentinadas
En la República Argentina anuncian por estos días la "estatización" del sistema privado de pensiones. Muchos nunca creyeron en el sistema de pensiones privado (cuenta individual). Y "creen más" en un sistema estatal. O cómo se impide judicialmente a que las AFJP no puedan transar sus acciones por una semana.
Parece ser algo del ser argentino.
Algunos chilenos, admiran a rajatabla a la Sra. Fernández de K.
El proyecto de ley hace curiosímas correlaciones. Por ejemplo: desde que se creó el sistema de AFJP, aumentó el desempleo (proyecto, acá). Podrían haber hecho correlaciones más absurdas/espúreas: desde que se creó el sistema, más mujeres han sido electas presidentas en América Latina, o incluso, cómo ha aumentado el precio del petróleo.
Pero el proyecto tiene un importante efecto: el gobierno argentino pasará a ser accionista de unas 40 empresas privadas (incluidas empresas de gas y electricidad), con posibilidades de elegir directores.
¡Estado empresario por la ventana!
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1.2.07
Chávez y las nacionalizaciones
En mis manos tengo un pequeño ejemplar de la Ley Orgánica del Servicio Eléctrico, de la República Bolivariana de Venezuela. La ley fue dictada en 1999, ya bajo la presidencia de Hugo Chávez.
El texto es de un formato pequeño, y se parecía en tamaño al "Libro Rojo" del Camarada Mao, salvo que este es blanco y verde. En su época -2002- me llamó mucho la atención y tengo vagos recuerdos de los funcionarios venezolanos que me la entregaron como obsequio. Era sin duda un formato "pocket", pero como para el bolsillo superior de una chaqueta. Si, ese en que a lo más cabe el celular o los anteojos.
Y por lo mismo, sirve para mostrarse en el aula.
Años atrás incluso cité la en un artículo sobre confiabilidad de sistemas eléctricos. Lo poco que recuerdo era que era un buen texto, con algunas semejanzas a la Ley del Sector Eléctrico de España (Ley 54/1997).
Hace poco más de un año recuerdo haber escuchado a un abogado venezolano quejarse lastimosamente de la realidad del sector eléctrico en su país. Básicamente, nos contaba, el texto era "letra muerta" y la realidad era otra. De una creciente desconfianza hacia el sector privado...
Y por estos días se lee que el Presidente Chávez ha decidido nacionalizar las empresas eléctricas y de telecomunicaciones.
"Recuperemos la propiedad social sobre los medios estratégicos de producción," dijo Chávez en el juramento de sus 27 ministros y el vicepresidente de la República, para el sexenio 2007-2013. (En la misma ocasión, anunció: "socialismo o muerte, lo juro").
Ya lo había anunciado para la principal operadora de telecomunicaciones, CANTV, parcialmente en manos de Verizon. Así, se privatizarían todas las distribuidoras (como ELECDA, de Caracas) y las generadoras.
Más allá de las posibles consecuencias de la medida anunciada, si volvemos al texto de la ley venezolana (¿o será bolvariana-venezolana?) expresa que
Artículo 3. El estado promoverá la competencia en aquellas actividades del servicio eléctrico dentro de las que sea pertinente, regulará aquellas situaciones de monopolio donde la libre competencia no garantice la prestación eficiente en términos económicos y fomentará la participación privada en el ejercicio de las actividades que constituyen el servicio eléctrico.
Por su parte, la Ley Orgánica de Telecomunicaciones de la R.B.V. contempla que uno de sus objetivos es "procurar condiciones de competencia entre los operadores de servicios".
Para que haya competencia, debe haber propiedad privada. Si hay un "mono-operador", no hay competencia.
Conclusión: Era cierto: La ley es letra muerta.
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